Capítulo 43. Mentes macabras
Todas las dudas se tenían que resolver, ella y su bebé eran ahora su familia a la que cuidaría por encima de todo y de todos.
— ¿Puedo lavar tu cara?
Ella pensó que no se iba a poder, pues no había traído los productos que usa para desmaquillarse, que si él se dedicaba a lavar esa parte de su cuerpo, iba a hacer algo peor en su rostro.
— Llegando a la mansión lo hago, aquí no hay nada para que se pueda hacer una limpieza adecuada.
Kaia tenía la cabeza recostada en una toalla que Vincenzo había