A la mañana siguiente, Ella despertó todavía entre sus brazos.
No hubo pesadillas ni rastros de miedo; solo un sueño profundo e ininterrumpido.
Al abrir los ojos, vio que Tiesto llevaba la misma bata rosa que ella, y el aroma del gel de ducha era idéntico al suyo.
Acostados juntos en la misma cama, todo se sentía casi… natural.
Ella enterró el rostro en su pecho.
—¿Despierta? —La voz de Tiesto sonó grave y ronca.
La noche anterior había sido inquietante, pero como ella estaba asustada y agotada