Ella rodeó el cuello de Tiesto con los brazos mientras él la cargaba. Su cuerpo cálido y suave descansaba contra su hombro, y su respiración rozaba la piel de su oído.
La garganta de Tiesto se tensó mientras luchaba contra la oleada de deseo que ella provocaba. Cargarla no era un problema físico… pero resistirse a aquella cercanía embriagadora ponía a prueba toda su fuerza de voluntad.
—Bien… duerme tranquila —dijo mientras la dejaba suavemente sobre la cama.
Somnolienta, Ella se aferró a él.
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