Matías no pudo dormir esa noche. Después de la larga conversación con Camila, su mente no dejaba de dar vueltas. Estaba acostado junto a su esposa, que ya tenía un gran embarazo, escuchando su respiración regular y sintiendo un peso enorme en el pecho.
Camila le había pedido que se detuviera, que no continuara con la investigación. Sabía que su esposa tenía miedo, y entendía por qué. Pero como médico, como alguien que había jurado proteger la vida, no podía permitir que ese crimen siguiera ocur