REGINA
Mi padre y sus hombres lograron rescatarme antes de que Dante pudiera secuestrarme de nuevo. Pensar en que estuve tan cerca de que me alejaran del hombre que amo y del hombre que es el padre de mi hijo, me revuelve el estómago.
Mis heridas no son nada en comparación de lo que ha sufrido él. Las manos me tiemblan y mi padre me rodea con su brazo.
—Estará bien, princesa —me da un beso en la coronilla—. Esto no derriba a un Novikov.
Quiero creerle, no obstante, no lo hago, porque muy