Nathan.
Tan pronto como caminé hacia la puerta de la cocina, vi a Valentina que estaba de espaldas mirando por la gran ventana, aunque estaba de espaldas, podía ver los hermosos par de glúteos que levantaban su ropa de dormir.
Caminé lentamente hacia ella, sin hacer el menor ruido. La tomé por la cintura y ella se sobresaltó asustada.
— ¿Que es tan interesante? — pregunté con voz seductora
— Yo, Yo... vine por un poco de agua, si tenía sed y vine por eso.
Nathan miró al rededor y no vio ninguna