Días más tarde, Rashad estaba en su despacho en el hotel cuando su joven asistente entró.
—Jefe, una mujer llamada Martha Olson te busca —anunció.
Rashad levantó la cabeza de los documentos que estaba revisando y lo miró con el ceño fruncido. «¡Qué demonios quiere esa mujer!», pensó molesto. Hacía muchos años que no sabía de ella, desde el momento en que lo dejó con tan solo una breve carta en la almohada de la cama que compartían. En su breve misiva le decía que lo dejaba porque no quería arru