Capítulo VI Deseo, celos y otras desavenencias.
Mike.
Si me hubieran dicho que la mujer de la que me enamoraría se me iba a resistir tanto, nunca lo hubiera creído, pero al menos comprobé, que cuando la tuve en mis brazos, no me era tan indiferente, ¡dios, esa diosa olía genial!, su pelo, su cuerpo estaba hecho para el pecado, y tuve que controlarme, para no atraerla hacia mí y besarla hasta dejarla sin aliento, me pude controlar porque noté que su respiración se entrecortada, y su corazón latía más rápido. Esa mujer me deseaba, no se podía q