Una profunda y reconfortante calidez inundó mi pecho mientras su presencia familiar se extendía por la fría habitación. Podía sentirlo en lo más profundo de mi alma, y todo lo que podía hacer ahora era yacer sobre la dura piedra y esperar a que viniera a romper estas cadenas y rescatarme de esta pesadilla. Pero la agonizante realidad de mi cuerpo me estaba alcanzando rápidamente. Literalmente podía sentir cómo la fuerza vital se drenaba de mis venas con cada segundo que pasaba. Cada pesada gota