Una ardiente descarga de adrenalina pura explotó por mis venas, anulando por completo el dolor abrasador que palpitaba en mi cráneo. Apoyé las palmas en la tierra y me obligué a ponerme de pie otra vez, sacudiendo el polvo de mi ropa. Esta chica definitivamente no estaba dispuesta a dejarlo pasar, y al ver su rostro arrogante, una dura verdad encajó dentro de mi mente. A veces, quedarse callada y marcharse no es la respuesta correcta. A veces, el silencio solo hace que un acosador tenga más ham