Sentí como si un rayo me hubiera partido la cabeza.
Al fin me acordaba de quién era. No podía creer que el tipo que estaba planeando mi desgracia fuera Dante Saucedo, el que se suponía que era mi mejor amigo y compañero de cuarto en la universidad.
Cuando nos graduamos, yo conseguí entrar a una oficina, pero él, como reprobó muchísimas materias, no alcanzó a sacar el título, solo le dieron una constancia. Por eso se tuvo que regresar a su pueblo a trabajar cargando cajas en una paquetería.
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