En algún lugar de la ciudad Lili despertaba hasta adolorida de una noche de pasión que más pareció sadomasoquismo, le dolían las muñecas después de que ese hombre la amarró, había aprendido a soportar el dolor como parte de placer, pero debía reconocer que esa noche había sido un tanto extrema.
El la despertó dándole una orden —levántate, tráeme un cerveza fría y prepárame algo de comer.
—Si amo —fueron las únicas palabras que respondió sin ni siquiera mirarlo.
Al poco rato llegó con la orden y