Antes de la boda ambas parejas habían dejado hechas las compras de los muebles así que las suegras habían estado trabajando mucho en recibir todo.
Durante esa semana los recién casados se dedicaron a recorrer lugares, disfrutar de las playas y hacer el amor cada vez que querían, cenas desde la habitación viendo el mar desde la ventana y despertando abrazados sabiendo que nadie los iba a molestar.
Andrew sabía muy bien que sus días para disfrutar estaban contados así que trataba de aprovecharlos