Verónica levantó la mirada para ver el edificio en el que había vivido poco tiempo, pero en el cual tenía recuerdos felices y los peores de su vida. Tomó una respiración profunda y puso la mano en la manija de la puerta del auto para abrirla.
—¿Estás segura de que quieres entrar ahí, sola? —le preguntó Christian deteniéndola por un brazo.
—Estoy segura —respondió ella, aunque por dentro no estaba segura de nada—. A William no le gustará verte allí, cuando sepa el motivo de la reunión.
—Esperaré