Dos horas después, Arthur entraba al hospital. No solo le compraron ropa nueva, le hicieron un corte de cabello para que no siguiera viéndose como indigente. Sin embargo, no podía esconder los estragos del alcohol y las drogas. Magnolia, que lo acompaño, explicó, que como él trabajaba fuera del estado, no había podido llegar antes para ver a su esposa. Ella contó una historia lacrimógena que convenció al personal médico de dejar ver a la mujer enferma antes de que llegara el horario de visita.