Verónica llegó a la casa del trabajo emocionada. Buscó por las habitaciones y no encontró a William. Eso le gustó, le daría tiempo de preparar la cena que, junto a la guía de Hope, iba a preparar para él.
—Bien, estoy lista, comencemos —le dijo a Hope, treinta minutos después, con todos los ingredientes listos.
—¿Ya tienes listo el pato y la salsa de frutos rojos? —preguntó Hope con su mejor rostro de profesora estricta.
—¡¿Pato?, ¡¿salsa roja?!, ¿de qué me hablas? —preguntó Verónica poniéndose