CAPÍTULO CUARENTA Y SEIS
EL PUNTO DE VISTA DE SELENE
No podía sacarme a Damon de la cabeza.
No era su forma de hablar ni las órdenes que daba. Era el momento en la sala de entrenamiento cuando todo quedó en silencio. Cuando nuestras miradas se cruzaron y algo agudo y desconocido me oprimió el pecho.
Lo repasé una y otra vez mientras yacía despierta en la cama. Su expresión no había sido fría entonces. Había sido tensa, controlada. Como si estuviera luchando contra algo que no quería enfrentar.