CAPÍTULO CUARENTA Y DOS
Punto de vista de Damon
Me senté tras el escritorio en mis aposentos, con papeles apilados frente a mí, pero mi mente estaba en otra parte.
Beleño no se había asentado desde la reunión del consejo. La manada se movió, pero no descansó. Parecía que empezaban a cuestionar mi autoridad.
Las conversaciones se interrumpieron cuando pasé.
Su lealtad no se había desvanecido por completo, pero se había resquebrajado.
Y las grietas se extendieron.
Y solo había una razón:
Selene.