Darius obedecía a todo lo que la sanadora le pedía; sin embargo, no podía apartar la mirada del rostro pálido y preocupado de su mujer. Podía escuchar los latidos del corazón de Kara anunciando la angustia que ella sentía. Su propio corazón estaba acelerado, igual que el de su compañera, a pesar de que no veían actuar a la sanadora con ansiedad. Nyra les hablaba con voz tranquilizadora y una sonrisa amable en los labios.
—Tienes una pequeña macha, pero no lo suficiente para un aborto —dijo Nyra