La luna, que brillaba intensamente, se escondió durante unos segundos en las sombras de la noche. La penumbra cubría las hojas y hierba a su alrededor. El corazón de Kara latía desbocado, como si estuviera en una carrera y no retorciéndose de dolor. Ella no escuchaba los murmullos a su alrededor, ni siquiera las ramas crujiendo, siendo aplastadas por los ancianos que se acercaban a ella y a Darius llegaron a sus oídos.
Dolores agudos la atacaban como puñales, su abdomen era atravesado como si e