El amanecer estaba cerca de caer sobre la manada y ya comenzaban a escucharse las voces de los miembros del clan. Darius se apoyó en el marco de la ventana de su habitación mientras observaba como su gente se iban despertando para continuar con el funcionamiento de la manada. Todos ajenos al peso que cargaba sobre sus hombros para lograr que ellos pudieran seguir con la vida que tenían cuando él se fuera junto a la Diosa.
Un suspiro profundo salió a través de sus labios en el momento en que el