Capítulo 49: Mi hermoso lobo feroz.
Los lobos giraron hacia nosotros, sus ojos brillaban con una malicia salvaje. Arthur, aún inexperto en sus habilidades mágicas, intentó defendernos con hechizos torpes que se disipaban sin efecto. La magia, ineficaz frente a la ferocidad de los lobos, solo aumentaba el sentimiento de impotencia.
—¡Corran! —gritó mamá, llena de dolor y desesperación.
Aunque estaba gravemente herida, usó sus últimos vestigios de poder para derribar a algunos lobos, su esfuerzo heroico contrastaba con el desmoron