Me sentía exhausta; era la segunda vez que estaba con un hombre, y ese hombre era Damien Volkov. Mi cabeza reposaba en su pecho, sintiendo el ritmo acelerado de su respiración contra mi piel.
—Tendré que darme un baño —mencioné, mientras mis manos exploraban su pecho, y él acariciaba mi espalda con ternura.
Él estaba en silencio, con los ojos cerrados. Me volví para mirarlo y, al ver su expresión satisfecha, me incliné y lo besé en los labios. Él me correspondió con suavidad y adoración. Len