Elizabeth.-
Abrí mis ojos soltando un gran suspiro y luego una bocanada de aire entró a mis pulmones, ya podía respirar, el olor a alcohol y limpiador se coló por mis fosas nasales.
— ¿Liz? –Escuché la voz de Bastián, no vi su rostro, mi mirada estaba fija en las luces fluorescentes. – ¡Joel va a buscar al médico! – Oí a mi amigo decir sí. –Reina mía ¿Cómo te sientes? –Tenía su mano sobre la mía, lo miré en silencio.
— Estoy en el hospital –Mi voz apenas salió en un susurro –Tengo sed – dejé de sentir la mano de Bastián que rápidamente acercó un vaso a mis labios.
— Sí, te desmayaste, perdóname – Podía ver el sufrimiento en su rostro, una ojera sobresalía de su ojo que estaba rojo, en ese momento entró Joel con un doctor.
— ¿Elizabeth cómo te encuentras? – Me pregunta el doctor revisando las máquinas que se encontraban al lado de mi cama.
— Solo estoy un poco confundida ¿Qué pasó? –Pregunté, los tres hombres me miraron fijamente. –Me siento cansada.
— Es normal por tu condición –