Cap. 250: Un amor inesperado.
CAP. 67
Vera empujó la puerta de la habitación con lentitud. Fabiola estaba recostada contra las almohadas, con el rostro aún pálido y unas ojeras marcadas que contrastaban con la blancura de las sábanas. Al ver a Vera, sus ojos se iluminaron débilmente y una mano temblorosa se movió sobre el cobertor.
—Fabi... —susurró Vera, acercándose a toda prisa para tomar su mano entre las suyas—. Aquí estoy, tranquila. Ya pasó lo peor.
Fabiola intentó sonreír, pero una pequeña racha de tos la interrumpió