Un aliado externo.
Después de su discurso de odio hacia mí solo pude correr fuera de la habitación, mientras esperaba que él no me estuviera siguiendo. Estaba aterrada, sin fuerzas en las piernas y totalmente desequilibrada. Tan pronto divisé la puerta de el estudio aun abierta, me encerré en él.
La luz mortecina de la lámpara del escritorio apenas alcanzaba a iluminar las sombras de los estantes repletos de libros.
Permanecía de pie frente a la puerta cerrada, mis manos aun temblorosas y sudadas se aferraba al c