La chica envuelta en su necedad siguió a Brandon hasta la cafetería, ella va decidida a llamar su atención y con seguridad ansía lograrlo. En los últimos dos años, su jefe ha tenido la mala fama de ser un mujeriego, y aunque ella siempre ha estado tentada a acercársele, nunca ha tenido el valor para hacerlo.
—Buenos días, jefe, ¿puedo ayudarle en algo? —preguntó ella acercándose hasta él.
—Hola, Fernanda, si gustas, puedes ir preparando una taza de café.
—Perfecto, señor, déjeme hacerlo y usted