Riana se bebió el chupito de un trago.
Luego le devolvió el vaso al camarero, quien se dispuso a rellenarlo.
Mientras lo hacía, Riana vio a Raúl, que se acercaba.
Se levantó rápidamente del taburete y lo abrazó con fuerza en cuanto estuvo cerca.
Él le acarició la espalda con ternura, luego se separó y le acarició el rostro.
"Vine en cuanto me escribiste. ¿Qué te pasaba?", preguntó Raúl, visiblemente preocupado. Riana suspiró.
"Mi madre sigue empeñada en que me case con ese hombre. Nuestro