—¿Así que él es, el famoso Ángelo?— dice sardónicamente Alessandria. Cierra la puerta del auto y se aproxima a nosotros. Su ropa es diferente a la de hace unas horas. Una blusa de manga larga blanca, zapatillas negras de tacón alto y una falda negra corta, ajustada a su pequeños pero bien contorneados glúteos. Es difícil para Ángelo no admirar su belleza frente a mi. Aunque trata de disimularlo. Además es imposible que él no muestre esa sonrisa coqueta cuando ve a una mujer hermosa— ¡Es todo un