Juan Pablo
Aún no puedo creer lo que acaba de ocurrir. Entré en la ducha y luego entro una mujer quien me abrazó de la espalda besando mi cuello.
Por un momento pensé que se trataba de Maia y correspondi sus besos y caricias, pero no tardé en darme cuenta que se trataba de Olivia.
Luego la corri del baño y ella me planto otro beso. Debo estar salado porque mi Maia nos vio y ahora no deja de llorar.
—¡Eres un miserable!
—Mi amor no es lo que crees.
Digo lo más estúpido que puedo decir; sin emba