Narra Dalia
Llego al lugar que me había dicho Marcus, le digo a la mujer con cara de pocos amigos que me están esperando y me guía con mala gana hasta donde él se encuentra.
—¡Dalia! Gracias por venir. —Se levanta de su lugar para saludarme y la mujer aún no se va.
—¿Necesita algo, sr. Robertson? —Se dirige a el con evidente coqueteo, sin embargo, él no la mira.
—No gracias. Puede irse. —Dice secamente y yo me quiero reír.
La mujercita no dice nada y se va. Marcus me ayuda a sentar.
—Eres todo