Narra Dalia
Y como era de esperarse, la mujer con quien mi jefe tenía una cena de negocios es muy exuberante, es más, cuerpo de infarto, aunque la verdad no le tengo nada que envidiar, también poseo un hermoso cuerpo, sólo que lo oculto ante la mirada de los lujuriosos, sólo me gusta mostrarlo en mi espectáculo en el club, pero de ahí en fuera, visto como una monjita.
—Mi querido Damián. Cuanto tiempo sin vernos. —La mujercita le da un casto beso en los labios. ¿Quién se cree? Yo soy la única