—Si sigues mirándome así, con el ceño fruncido, me veré obligado a pensar que la pequeña burbuja de paz en la que hemos estado protegidos todo el día ha explotado. Y yo no sé tú, Muñequita, pero creo que yo no estoy listo para hacer frente a las cosas a las que vamos a tener que enfrentarnos cuando termine esta tregua —le dijo Hiroshi con suavidad.
—Lo que dices suena tan... mimoso —repuso ella forzando la voz para que no reflejara su preocupación.
—No era esa mi intención. En absoluto —le ase