Hiroshi Yamamoto se estaba volviendo loco.
Y todo porque ella no le hablaba.
Hacía días no se escuchaban sus risas en la casa, había menos charlas entre ellos y ella se mantenía más enfrascada en su trabajo. Últimamente, parecía que ella siempre tenía algo que hacer. No le importaba que trabajara, lo que lo jodía era que ella no parecía interesada en pasar tiempo con él y tampoco echaba de menos su compañía.
Aiko escribía sus reportes ensimismada en su portátil, parando y frotándose las siene