—¿Qué? No, tú vas a irte conmigo. No quiero dinero, quiero que tú estés conmigo, Salvatore. Vamos, vámonos por favor.
Se me arrugó el corazon con desespero.
En ese momento, una ráfaga de disparos atravesó el cristal de la ventana de la sala, y la silla en donde ella solía sentarse salió volando.
Roxanne gritó desesperada y se abalanzó sobre mí. Ambos caímos al piso.
—¡Salvatore, salgamos de aquí! —La pobre estaba tan desesperada que me sentía una mierda por no protegerla como debía.
Me levanté