CAPÍTULO 25. HECHO INESPERADO

El hombre definitivamente era osado, la rabia bulló en mí y luego de apretar mis manos en puños a un lado de mi cuerpo, pude controlarme, solo esbocé una sonrisa de burla, mientras percibí como mi padre se levantaba de su asiento y con un rostro sin ninguna expresión se dirigió a Domenico y lo empujó con violencia para hacerlo sentar, lo tomó por el cuello y le espetó unas palabras que sonaron como leves murmullos, pero que fueron ininteligibles para el resto. En ese momento pensé que después de todo mi padre aún tendría algún afecto por mí, aunque las palabras del hombre coincidían perfectamente con las mismas que me expresó hacía unos días, en definitiva para mí las pronunciadas de su boca habían tenido un efecto más doloroso.

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