La puerta se abrió de golpe y el doctor entró.
Lydia ya estaba vestida para salir del hospital.
—Señorita Lydia, se ve muy emocionada.
—Sí, ¿por qué no iba a estarlo? El olor de este hospital me está matando.
—Estamos felices de darle el alta hoy. Su salud ha mejorado mucho.
—Gracias, doctor.
—De nada. Solo asegúrese de seguir las indicaciones de los medicamentos que le vamos a dar.
Lydia miró alrededor de la habitación. Observó el lugar donde había roto el vidrio, la silla donde Victoria se ha