En verdad creo que me cago un murciélago para tener tan mala suerte.
Estoy parada en el pasillo de la empresa, intentando calmar la situación que se está volviendo cada vez más tensa. Alita, la esposa de Maximiliano, está fuera de sí, su rostro enrojecido por la ira y la humillación.
—¿Cómo es posible que tengas a tu amante trabajando en la empresa? —grita Alita, su voz resonando en el pasillo—. ¿Cómo puedes ser tan descarado?
El aire se vuelve tenso y pesado, cargado de electricidad. La voz de