AMANDA
Cuando subí al coche de Kev, no me sentí tan bien. En otros tiempos, creo que esto sería maravilloso, pero ahora ya no me siento con el mismo ánimo, con la misma ilusión de cenar con mi novio. ¿Por qué? Estoy tan segura de que había visto un atisbo de tristeza en los ojos de Luke.
—¿Estás bien, mi amor? —me pregunta Kev mientras conduce. Coloca su mano en mi pierna y la frota de arriba hacia abajo.
—Sí, no pasa nada, solo que hoy no ha sido un buen día con todos estos síntomas —mentí. En