—¿Qué pasa? Estás muy callada… y esto no es de ti… —Antonella se giró con la copa en su mano, mientras una cena íntima se suscitaba en su casa, porque ella misma había mandado a preparar.
Pero el hecho era que no podía pensar en otra cosa, sino en ese embarazo, que aún no había sido comprobado, y que a la larga ella no pertenecía en el asunto.
Derramó una lágrima por su mejilla izquierda mientras Enzo se tensó.
—¿Dime qué ocurre?
Antonella sonrió mientras negó y tomó la copa de golpe.
—Estoy fe