Horas antes…
Enzo tomó su teléfono celular mientras su mano temblaba ligeramente y marcaba al número de Antonella.
Por la hora, 9 de la mañana, ella estaría en su trabajo, y por nada del mundo quería ir allá a discutir sobre su vida destruida.
Al tercer tonó escuchó su voz, y solo el hecho de que lo llamara de forma “amorosa” le hizo hervir la sangre.
—Cariño… bienvenido… ¿Estás en casa? ¿Cómo estuvo tu vuelo?
—Bien… —respondió seco mientras con su dorso limpió otra lágrima que se le escapó.
Y