Kat
Dos semanas después…
Es como si hiciera lo mínimo para ser considerado un marido atento, como si interpretara un papel, y nada más. No hay caricias nocturnas. Ni deseos susurrados. Ni manos calientes explorando mi cuerpo, haciéndome retorcerme mientras hunde su polla en mí.
Odio lo mucho que lo extraño; lo mucho que lo extraño.
Miro alrededor del ático, intentando apartar esos pensamientos, pero se me pegan como una sombra. Su casa es preciosa. Un ático moderno en Tribeca, con paredes de cr