—Esto es lo que quieres, ¿verdad? —Sus dedos trabajan más fuerte, más rápido—. ¿Que te vea? ¿Que te folle aquí afuera, donde cualquiera podría verte mientras te hago correrte?
Se me escapa un gemido. No sé si son las palabras o la forma en que me toca, pero mi cuerpo arde, dando vueltas, perdiendo el control.
Su mano libre se desliza hacia arriba, se enrosca alrededor de mi garganta e inclina mi barbilla hacia arriba, obligándome a mirarlo.
—Déjame verla —gruñe—. Déjame verte correrte.
Finalmen