Permanecí un momento en las escaleras, procesando las palabras, las expresiones de Susan, y su despedida. Me llevé una mano al pecho, hasta sentir el diamante de mi madre en la gargantilla.
En el fondo, más allá de mi subconsciente, siempre lo había sabido. Sabía que mi padre me rechazaría, que no deseaba que yo volviera de la muerte, pues solo lo atormentaría como un fantasma.
A sus ojos, yo era una terrible alma que lo atormentaba desde el más allá todos los días, y de la que no deseaba sa