Lo miré conversar y reír a la distancia, preguntándome sí de verdad me creía muerta. Además, él se había casado, y no con cualquier mujer, sino con la hermana gemela de Isabel. ¿Acaso no sabía que yo había pasado los últimos años atrapada con la hermana de su esposa, hasta que el señor Riva llegó y de alguna forma me salvó?
—Estás pálida —comentó de repente.
Como anonadada, volteé la mirada y fijé mis ojos en mi atractivo y distante acompañante. Él, como yo, también observaba a la pareja, per