UN PADRE PREOCUPADO.
Narra Maia.
*Roa, ya basta de este castigo, aparezcan por favor* rogaba y mis bestias no me responden nada.
* Prometo que si despiertan las dejaré salir más seguido, y podrán hacerlo como quieran* ni así daban señales. Ya no sé qué hacer.
—¿Qué te sucede?, pequeña — me preguntó Lars cuando estábamos en su habitación, volteé y le sonreí.
—No tengo nada o piensas que tengo algo; vamos, aquí el de los sentidos desarrollados, eres tú—le dije con tono sarcástico porque estoy muy segura que él escu