CAPÍTULO 31: EL BRONCEADOR.
CAPÍTULO 31: EL BRONCEADOR.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —bramó Artem, conteniéndose para no gritar.
Liana abrió los ojos lentamente, mirándolo a través de sus gafas de sol con una calma desquiciante, como si la situación fuera de lo más normal.
—¿Qué quieres decir? Solo estoy tomando el sol —respondió, con una sonrisa que parecía querer provocarlo.
Artem resopló, presionando el puente de su nariz con evidente frustración.
—¡Liana... estás prácticamente desnuda frente a mis hombres!