CAPITULO 30: ¿DESDE CUANDO TE GUSTAN LOS CANNOLIS?
Liana observaba en silencio mientras Artem estaba bajo la ducha, el agua resbalando por su cuerpo musculoso, delineando cada fibra de su espalda. No podía apartar la mirada. Tragó saliva al ver lo que estaba haciendo. Su mano izquierda estaba apoyada en los azulejos, la tensión visible en cada músculo, mientras la otra mano se movía con firmeza sobre su erección.
Los movimientos eran intensos, rítmicos, acompañados de pequeños gemidos.
El cor