GINEBRA
Desde niña siempre creí que los hombres eran idiotas, crecí con mucho odio y rencor hacía el sexo opuesto. Pero desde que conocí a Piero, pude sentir lo diferente que era. Su dulzura escondida en esa armadura que creo para aislarse, la cual me atrapó apenas él logró bajar sus murallas personales. Ahora que estábamos casados, todo parecía un sueño del cual nunca quisiese despertar. Cada día era una aventura nueva, hemos tenido nuestros altibajos, pero creo que de eso se trata el amor, de