49. LA APARICIÓN DE MI EX HORACIO
Luego de que se marcharon, me quedo pensativa en mi buró. Miro mi computadora, deseando que, por arte de magia, apareciera esa voz que solía conversar conmigo. Pero nada. Silencio absoluto. Parece que también me ha abandonado. Joe tampoco está; las luces de su oficina están apagadas desde hace rato. Y, para rematar, mis hijas se han ido quince días a una casa en la playa con mi mejor amiga Serrí y sus traviesos hijos. Ella tenía una exposición allá y decidió llevárselas. Por mí, perfecto; al m